El mundo será para los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo, pero enardecernos significa quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia. Evita

La canción de esperanza que trajo la muerte



Y llegó, sin aviso, una mañana donde todos estábamos en casa porque íbamos a ser censados. La muerte del compañero Néstor irrumpió golpeando fuerte al pecho. Ahí donde más duele cuando la angustia de la pérdida cubre el cuerpo. Ese que también se abre cuando la esperanza colectiva desborda.

Y, otra vez, nos sorprendió como cuando en los primeros años de gobierno el Pingüino empezaba a despabilar con acciones nuestros sueños que reposaban latentes en nuestros corazones y en nuestros pensamientos. Él les dio forma de pueblo y en la calle los puso a rodar. Y millones empezamos a concretar juntos un puñado de sueños. Desde el miércoles siguen vibrando nuestras mejores canciones. Las que gritan el dolor, la rabia y la esperanza al ritmo del bombo. La más maravillosa música popular que reclama, celebra, protesta y baila sus conquistas.

En estos últimos días, la calle lloró y cantó de dolor. La multitud en la plaza del pueblo recogió las banderas y gritó “Fuerza Cristina”. Las lágrimas nos unieron entre abrazos y caricias. No importó el tiempo ni la opinión de los que no quieren sentirse parte de la emoción popular. Ellos ya se resignaron a estar ni tristes ni alegres. Las sobredosis de odio y resentimiento los pone más aún al descubierto en su insensibilidad social.

Pero este tiempo es nuestro, del pueblo. Es la canción que transforma el dolor en esperanza.

Y caminamos a paso de geisha durante horas para avanzar en la fila. Estuvimos todos juntos. Casi todas las clases sociales y todas las edades. Los viejos, los adultos, los jóvenes y los niños en un mismo camino. Aquel que conducía al mismo lugar donde descansaba Néstor y nos esperaba Cristina. Nadie se movió ni un centímetro del espacio humano que nos contenía.

Y mientras tanto, llorábamos por Néstor y cantábamos por el proyecto nacional.

Y seguimos aflojando la garganta y el cuerpo en esa maravillosa catarsis popular. Por momentos, el mínimo silencio fue invadido por los pibes que con rasgos de dolor nos alentaron a seguir en la lucha.

Y volvimos a cantar con lágrimas a la esperanza.

No hubo dolor físico, ni miedo. Todo estaba puesto en las emociones más profundas. El amor y la confianza nos empujaron. Nos mantuvieron de pie. Firmes. Convencidos de que todavía faltaba para llegar pero que estábamos en la senda correcta. Las vallas nos fueron marcando el rumbo. No había otro. El que marcaron en estos años Néstor y Cristina.

Y, otra vez, le agradecimos y cantamos.

Volvimos a levantar las banderas peronistas porque ellos accionaron a favor del pueblo y de la patria. Los pibes no aflojaron ni un solo minuto. Saltaron, bailaron, gritaron su sufrimiento y rompieron con su fresca insolencia un duelo atípico. Qué bueno saber que hoy están ellos! Qué alentador resultó sentir la utopía tan cerca a través de ese semillero apasionado por la política.

La canción de esperanza que trajo la muerte estuvo omnipresente en la calle.

Es la de nuestras banderas. Las de millones de argentinos que no se resignan a cambiar el rumbo. Que están dispuestos a no ceder ni una sola conquista de las alcanzadas. A no dar ni un paso atrás.

Seguramente, dentro de muy poquito, vendrán los analistas de todos los gustos y colores para intentar explicar lo que muchos de ellos no sienten. Eso no importa. Como no interesan los políticos que juegan con nuestro dolor y nuestra ilusión desde siempre. ¿Por qué esperar de ellos si los protagonistas de esta parte de la historia somos nosotros, el pueblo conmovido por la pérdida de su líder? A esos depredadores no les interesa nada que no tenga que ver con sus miserables y mezquinos intereses. Así lo han demostrado en cada gesto y acción.

Por eso, sigamos cantando nuestra canción porque la lucha continua y es necesario redoblar esfuerzos.

Cantemos con el dolor y la pasión que fusionamos en estos días de duelo.
Cantemos con la alegría y el orgullo de pertenecer a los que seguimos teniendo esperanza.
Cantemos a la memoria y al amor de los que nos rescataron de la más profunda desilusión.

En cada rincón sigamos cantando con alegría y con mucha más fuerza por el proyecto nacional que conduce nuestra querida Presidenta!


5 comentarios:

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  2. Francisco:
    La palabra miserable es demasiado grande para vos. Hay otro montón de palabras que servirían para definirte, pero no vale la pena. Es otorgarte demasiada entidad.
    Harías bien en imitar a la pitonisa que se llamó a silencio cuando tomó conciencia de todos los disparates que dijo desde su estólida inconciencia. Vos parecés su hermano mellizo.
    Roxana: es hermosa tu columna. Me hiciste lagrimear una vez más.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  4. En este blog no hay lugar para los miserables e insensibles. Fuera de aquí. Rajen!

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  5. A nosotros nos pegó muy fuerte la muerte de Néstor.
    ¡¡¡Vamos con CRISTINA!!!

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